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lunes 3 agosto 2020
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Mons. Sergio: Hace un apremiante llamado a fortalecer los valores humanos y cristianos en el hogar, fomentando el diálogo, y la no violencia

Campanas. Hoy domingo 12 de julio, desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti compartió la preocupación de la Secretaría de la CEB manifestada en un comunicado de estos días acerca de: “La violencia contra la mujer, expresión de una sociedad deshumanizada”. El texto indica que en nuestro país va creciendo un ambiente de violencia y, más frecuentemente, las víctimas de esa espiral de violencia son las mujeres; así lo confirma el inaudito número de feminicidios durante este tiempo de pandemia. En particular expresa su condena por la violencia despiadada que, en la ciudad de El Alto, se ha cobrado la vida de la niña Esther cuando apenas comenzaba a vivir.

Así mismo el prelado afirmó que la pandemia y la necesaria cuarentena han profundizado problemas estructurales de la sociedad, como es el caso de la violencia contra la mujer y la niñez, no solo en la sociedad sin en el hogar.

Mons. Sergio hace un apremiante llamado a trabajar denodada y sostenidamente en fortalecer los valores humanos y cristianos en el hogar, con relaciones saludables y respetuosas, fomentando el diálogo, la confianza y la no violencia.  

También este  comunicado nos exhorta a todos los bolivianos a unir esfuerzos en esta lucha, para que ninguna injusticia sea callada, para que nadie deba llorar, en silencio y soledad, las secuelas de una agresión y para que toda forma de violencia sea juzgada y superada, dijo Monseñor.

Así mismo el Arzobispo de Santa Cruz aseguró que la vocación y misión que nos ha confiado el Señor, es ser el terreno fértil donde Él siembra su semilla para que dé frutos abundantes de vida, amor, reconciliación, comprensión, solidaridad, justicia y paz. Ojalá nuestra respuesta sea generosa y agradecida.

La misa dominical, fue preside Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz y concelebrada por los Obispos Auxiliares: Monseñor Estanislao Dowlaszewicz, Monseñor René Leigue, P. Hugo Ara, Vicario de Comunicación y Rector de la Catedral y el P. Mario Ortuño, Capellán de Palmasola.

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

Domingo 12/07/2020

 “Así como la nieve y la lluvia descienden del cielo y no vuelven a él sin haberla fecundado y hecho germinar,,, así sucede con la palabra que sale de mi boca”. Hermanos y hermanas, con esta imagen poética y agreste, el profeta Isaías habla de la fecundidad y el poder de la Palabra de Dios al pueblo de Israel que, por el sufrimiento y la opresión del duro exilio en Babilonia, está totalmente abatido y desalentado y corre el peligro de alejarse del Dios de sus padres.

El profeta pide a esos desterrados que reconozcan sus errores, se conviertan y confíen en la palabra del Señor, y puedan de esta manera participar de los bienes de la nueva alianza. Además les recuerda que Dios es fiel a su promesa y cumple con su palabra, palabra que es eficaz y que tiene poder en sí misma para realizar la misión que le ha confiado, palabra con la que ha estrechado una alianza perpetua con su pueblo: “Mí palabra, no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que Yo quiero y cumple la misión que Yo le encomiendo”.

Jesús, en el Evangelio de hoy,  también nos habla de la eficacia de  palabra de Dios con la parábola que acabamos de escuchar.  Él está sentado a orillas del mar, rodeado por sus discípulos y por mucha gente, compuesta por toda clase de personas. Entre los presentes, están las que en verdad tienen hambre de la Palabra de Dios, otros están ahí solo por curiosidad y no faltan tampoco algunos que tienen la intención de darle la contra. Jesús, apretujado por esa multitud, se ve obligado a subir a un bote y desde allí comienza a enseñar. Jesús a menudo recurre a las parábolas como medio muy idóneo para hablar del misterio del Reino de Dios a todo el mundo, letrados e iletrados, a fin de que puedan reconocer que Él es el Mesías en quien se hace visible y patente el reinado de amor y vida del Padre.

Jesús, en esta parábola y al igual que el profeta Isaías, se sirve de un momento importante de la vida de los campesinos; la siembra.  Dibuja en detalle los actores de la faena: el sembrador en plena acción, la semilla, las distintas variedades del terreno y la cosecha. Los que lo escuchan, de extracción campesina, entienden fácilmente su lenguaje sencillo y a ellos muy común, sin embargo, no logran comprender la enseñanza que conlleva.

Terminada la narración, los discípulos se acercan a Jesús para decirle que tampoco ellos han entendido el mensaje, por eso, le piden que les explique el sentido de la parábola. En su respuesta Él parte de una constatación: las parábolas son incomprensibles sólo para aquellos que adrede no quieren escuchar y que, encerrados en sus certezas e ideologías, se oponen a la verdad. “El corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y cerrados sus ojos,… para que no se conviertan, y yo los sane”.

Es nuestra disposición del corazón y de la mente que nos permite aceptar o rechazar el mensaje de la salvación. Los discípulos y seguidores de Jesús tienen la disposición correcta para escuchar la palabra, sus sentido reflejan sus sentimientos y son abiertos a la palabra del Señor: ”Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen”. Jesús además les alaba porque ellos, son más felices incluso que los muchos profetas y justos del A.T. que desearon ver, escuchar y conocer personalmente al Mesías, pero no les fue posible.

Luego Jesús se pone a explicar la parábola, deteniéndose sobre el significado de cada actor. El sembrador es Dios mismo; Él toma la iniciativa libremente y por amor de sembrar su palabra con abundancia para todos indistintamente, buenos y malos.

La semilla es la palabra de Dios que tiene en sí misma el poder de brotar, crecer y dar fruto, solo necesita el terreno adapto, un corazón y un espíritu abiertos y disponibles a escucharla y recibirla.

Los terrenos tan distintos, representan a las varias clases de personas que oyen la Palabra de Dios, y también a las diversas actitudes de cada uno de nosotros ante la Palabra; a veces estamos atentos y disponibles a escucharla, otras veces somos distraídos, áridos, o sofocados en nuestros intereses y preocupaciones.

El borde del camino representa a quienes oyen la palabra de Dios pero no les interesa, no la atienden y se la dejan robar en seguida por el enemigo, el maligno.

El Terreno pedregoso personifica a los que se entusiasman fácilmente con la Palabra; esta brota enseguida, pero pronto la superficialidad, la falta de perseverancia y el miedo a las dificultades, incomprensiones y persecuciones la hacen secar.

El terreno con espinos encarna a quienes acogen también con gusto la Palabra de Dios, pero paulatinamente la dejan ahogar porque no despejan su corazón de los espinos de la incoherencia de vida, los intereses materiales, los afanes mundanos, las riquezas y el prestigio.

Los terrenos fértiles son los que escuchan y acogen en su corazón a la Palabra: en estos la semilla manifiesta toda su eficacia y da frutos abundantes de vida y amor, expresiones del Reino de Dios que va creciendo y desarrollándose en el mundo.

Esta enseñanza de Jesús, nos pone ante el drama más profundo de la historia de la humanidad en su relación con Dios. Él ha creado al ser humano libre con la posibilidad de aceptar o rechazar su voluntad y su Palabra, de aceptar la vida que nos ha dado por amor o rechazarla, de ser libres y gozar de la salvación o ser esclavos del mal y la muerte. Dios no nos obliga a acoger su propuesta y a hacer su voluntad, la deja en nuestras manos, a nosotros decidir si la dejamos fructificar en nuestras vidas y en la sociedad o si la dejamos resecar.

Los cristianos hemos recibido por el bautismo el don de la fe, también hemos recibido el don que nos hace capaces de valorar la Palabra de Dios, escucharla y ponerla en práctica, danto testimonio de su bondad a los que no la conocen. La vocación y misión que nos ha confiado el Señor, es ser el terreno fértil donde Él siembra su semilla para que dé frutos abundantes de vida, amor, reconciliación, comprensión, solidaridad, justicia y paz. Ojalá nuestra respuesta sea generosa y agradecida.

En este espíritu comparto la preocupación de la Secretaría de la CEB manifestada en un comunicado de estos días acerca de: “La violencia contra la mujer, expresión de una sociedad deshumanizada”. El texto indica que en nuestro país va creciendo un ambiente de violencia y, más frecuentemente, las víctimas de esa espiral de violencia son las mujeres; así lo confirma el inaudito número de feminicidios durante este tiempo de pandemia. En particular expresa su condena por la violencia despiadada que, en la ciudad de El Alto, se ha cobrado la vida de la niña Esther cuando apenas comenzaba a vivir.

No cabe duda de que la pandemia y la necesaria cuarentena han profundizado problemas estructurales de la sociedad, como es el caso de la violencia contra la mujer y la niñez, no solo en la sociedad sin en el hogar. Por eso, el comunicado hace un apremiante llamado a trabajar denodada y sostenidamente en fortalecer los valores humanos y cristianos en el hogar, con relaciones saludables y respetuosas, fomentando el diálogo, la confianza y la no violencia.  Por último, el comunicado nos exhorta a todos los bolivianos a unir esfuerzos en esta lucha, para que ninguna injusticia sea callada, para que nadie deba llorar, en silencio y soledad, las secuelas de una agresión y para que toda forma de violencia sea juzgada y superada. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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