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sábado 24 octubre 2020
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Ante la pandemia del Coronavirus “Iglesia de Santa Cruz se consagra a la Virgen de Guadalupe”

Campanas. Hoy miércoles 25 de marzo en la solemnidad de la Anunciación del Señor,  América Latina, Bolivia y Santa Cruz  se consagraron a la Virgen de Guadalupe, durante este tiempo de crisis sanitaria producida en todo el mundo por la propagación del Coronavirus (COVID-19).

En la Arquidiócesis de Santa Cruz, la consagración se realizó en el Altar de la Virgen – Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral,  y fue presidida por el  Arzobispo, Mons. Sergio Gualberti a las 12: 00 horas.

Considerando los acontecimientos y ante  la inminente  expansión del Coronavirus, y  en la Solemnidad de la solemnidad de la Anunciación del Señor, la presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano –  CELAM, invitó a todos los Obispo del Continente a realizar un acto de consagración a la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Guadalupe.

Oración a la Virgen de Guadalupe Santísima Virgen María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive.

En estos momentos, como Juan Diego, sintiéndonos “pequeños” y frágiles ante la enfermedad y el dolor, te elevamos nuestra oración y nos consagramos a ti.

Te consagramos nuestros pueblos, especialmente a tus hijos más vulnerables: los ancianos, los niños, los enfermos, los indígenas, los migrantes, los que no tienen hogar, los privados de su libertad.

Acudimos a tu inmaculado Corazón e imploramos tu intercesión: alcánzanos de tu Hijo la salud y la esperanza.

Que nuestro temor se transforme en alegría; que en medio de la tormenta tu Hijo Jesús sea para nosotros fortaleza y serenidad; que nuestro Señor levante su mano poderosa y detenga el avance de esta pandemia.

Santísima Virgen María, “Madre de Dios y Madre de América Latina y del Caribe, Estrella de la evangelización renovada, primera discípula y gran misionera de nuestros pueblos”, sé fortaleza de los moribundos y consuelo de quienes los lloran; sé caricia maternal que conforta a los enfermos; y para todos nosotros, Madre, sé presencia y ternura en cuyos brazos todos encontremos seguridad.

De tu mano, permanezcamos firmes e inconmovibles en Jesús, tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Graciela Arandia de Hidalgo



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