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viernes 14 agosto 2020
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Mons. Sergio: “Necesitamos preservar la vida, y no buitres que, por intereses políticos o económicos se aprovechan de la pandemia y del sufrimiento de los bolivianos”

Campanas.“En tiempo de pandemia la prioridad absoluta es preservar la vida, dice Arzobispo de Arzobispo de Santa Cruz.

En este tiempo de pandemia los bolivianos debemos tener como prioridad absoluta preservar la vida de todo ciudadano. Por eso hacen falta hombres y mujeres que se unen en un esfuerzo común y ponen sus mejores talentos para vencer este mal y mirar al futuro con esperanza y no buitres que, por sus intereses políticos o económicos, se aprovechan de la pandemia y no arredran ni ante el sufrimiento y la muerte de tantos hermanos, dijo el Arzobispo de Santa Cruz, desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir, este domingo del Buen Pastor y Jornada de Oración por las vocaciones.

 Así mismo el Prelado nos  pidió apoyar a todo el personal sanitario que asiste a los enfermos y de reconocer su labor sacrificada, y de que cesen de una vez por todas las actitudes irracionales, discriminatorias y violentas en su contra.

Hoy IV Domingo de Pascua o del Buen Pastor, se celebra la Jornada Mundial de las Vocaciones, oportunidad para meditar sobre nuestra vocación de discípulos y seguidores de Jesús, y en especial sobre la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada. Concelebraron la misa en la Catedral los Obispos Auxiliares; Monseñor Estanislao Dowlaszewicz , y Monseñor René Leigue.

 

Homilía de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz

Curto domingo de Pascua “Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones”

Queridos hermanos y hermanas que nos acompañan a través de los Medios de Comunicación, este IV Domingo de Pascua o del Buen Pastor, se celebra la Jornada Mundial de las Vocaciones, oportunidad para meditar sobre nuestra vocación de discípulos y seguidores de Jesús, y en especial sobre la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada.

El texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado, es la conclusión del 1er discurso de Pedro a la gente que se había congregado alrededor de los apóstoles que acababan de recibir el Espíritu Santo el día de Pentecostés. Y es el Espíritu Santo que pone en el corazón de Pedro la valentía para enfrentar a su propio miedo, a encarar al pueblo judío y a hacer su profesión de fe en Cristo resucitado, Señor y Salvador de toda la humanidad: “Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús, a quien Ustedes crucificaron”.

 “Estas palabras traspasaron el corazón” de los oyentes. No se trata solamente de un sentimiento de arrepentimiento, sino de la toma de conciencia de la propia responsabilidad en la muerte de Jesús y de la urgente necesidad de cambiar actitud desde lo más íntimo de sus ser, que se manifiesta en la pregunta que ponen a los apóstoles: “¿Qué tenemos que hacer hermanos?”. ¿Qué hacer?.

La respuesta de Pedro es contundente: “Conviértanse”; la única cosa que deben hacer es reconocer a Jesús, como Hijo de Dios y emprender el camino de fe que cambia su vida y les introduce en la gracia del Señor. Conversión que implica romper con la mentalidad, los puntos de referencia y la forma de vivir anteriores, y asumir una nueva la visión del mundo y una nueva manera de vivir donde el punto central es Cristo.

Después Pedro pide a esas personas otro paso como concreción de su camino de fe: “Háganse bautizar en el nombre de Jesús”. El Bautismo es el don de Dios que les libera de las ataduras del pecado y de la muerte y les introduce a la vida nueva del Señor, pero también es el signo por el que tienen que expresar públicamente su fe en el Señor y su decisión de vivir conforme al Evangelio.

Al respecto, la 1era carta de Pedro dice que la novedad de la vida del cristiano abarca todos los ámbitos de la existencia, aun ante la cruz del sufrimiento, la enfermedad, la injusticia o la incomprensión a causa de la fe: “Porque también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas.

Por cierto, ser cristianos es una tarea exigente, pero la Palabra de Dios nos pide confiar en Jesús que, como Buen Pastor, reconduce nuestras vidas hacia Dios Padre: “Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián”.

Y el Evangelio de hoy justamente  nos presenta a Jesús “El Buen Pastor”, o mejor el “Pastor Bueno”, el verdadero Pastor que “entra por la puerta y no por otro lado”, no como los falsos pastores y los mercenarios que no piensan en el bien de las ovejas, sino en sus propios intereses.

Jesús es el Pastor que ama a todos sus discípulos, que los “llama a cada uno por su nombre”, los conoce personalmente y los cuida con cariño y esmero.

También Jesús se presenta la puerta de las ovejas”, la puerta de la vida nueva, abundante, fecunda y siempre abierta para todos y que nadie jamás podrá cerrar.

Las ovejas “escuchan su voz y lo “siguen”, esta es nuestra vocación de discípulos, escuchar y seguir a Jesús que va por delante por sendas seguras hacia los verdes pastos y a las aguas cristalinas de la vida plena, que está en medio de nosotros para unirnos en comunidad y que no duda en ponerse atrás del rebaño para que ninguno quede rezagado.

Esta es la vocación común de todo cristiano, pero algunos han sido llamados a un seguimiento más radical, a entregar toda su vida al servicio del Señor y al cuidado de su Iglesia como los sacerdotes o las personas de Vida Consagrada. Llamado que resuena también hoy en el corazón de jóvenes y señoritas, a quienes invito a prestar atención a la voz del Señor, a no tener miedo en seguir sus pasos y a ser generosos en decirle sí. Por eso, hay que elevar nuestras oraciones al Señor de la mies para que haga surgir en nuestra Iglesia vocaciones santas y perseverantes en el seguimiento del Buen Pastor.

Hace dos días, en ocasión del 1° de mayo, día Internacional del Trabajo, he transmitido mi cercanía y mi aprecio a los hermanos y hermanas trabajadores que con su vocación contribuyen a la obra creadora de Dios. En esta parálisis forzosa del trabajo a causa de la cuarentena, les aliento a no dejarse llevar por el desánimo y la frustración y confiar en la ayuda del Buen Pastor, que nos llama a trabajar todos por el bien común de nuestro país.

En este tiempo de pandemia los bolivianos debemos tener como prioridad absoluta preservar la vida de todo ciudadano. Por eso hacen falta hombres y mujeres que se unen en un esfuerzo común y ponen sus mejores talentos para vencer este mal y mirar al futuro con esperanza y no buitres que, por sus intereses políticos o económicos, se aprovechan de la pandemia y no arredran ni ante el sufrimiento y la muerte de tantos hermanos. También es el momento de apoyar a todo el personal sanitario que asiste a los enfermos y de reconocer su labor sacrificada, y de que cesen de una vez por todas las actitudes irracionales, discriminatorias y violentas en su contra.

Para llevar a cabo esta ardua tarea pedimos la ayuda de la madre de Jesús y Madre nuestra la Virgen María, en este mes de mayo a ella dedicado. Ponemos en su corazón amoroso nuestros esfuerzos, cansancios y esperanzas, pero sobre todo los dolores de los afectados por el virus y por sus familiares.

Por eso, les invito cordialmente a todos, en especial a los papas e hijos, a unirse en la oración,  aprovechando bien esta cuarentena, y rezar el Santo Rosario, la plegaria sencilla y humilde que todos podemos hacer y que toca el corazón de la Virgen María nuestra Madre, para que reúna en el amor a cada una de nuestras familias y a todos para que pronto podamos volver con ánimo renovado y con esperanza a las faenas y quehaceres cotidianos en nuestro País libre de la pandemia. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



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