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lunes 1 junio 2020
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¡Es Pascua! “Abramos nuestro corazón al dolor de nuestros hnos. y curemos sus heridas del cuerpo y del espíritu, pide Mons. Sergio”

Campanas. “Cristo ha Resucitado y es nuestra vida”. Esta es la noticia maravillosa que hoy resuena con particular conmoción en nuestros hogares y en nuestros corazones en este tiempo de sufrimiento y dolor. A pesar de esta situación, lo proclamamos con alegría porque “¡Cristo está vivo y no muere más!, y gracias a Él podemos ser partícipes de la fiesta de la vida y de la esperanza, así inició el Arzobispo de Santa Cruz, su homilía de domingo de Pascua, desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir Catedral.

 

¡Es Pascua!, el Arzobispo nos pide que  Abramos nuestro corazón al dolor y necesidades de nuestros hermanos y curemos sus heridas del cuerpo y del espíritu.

Así mismo el prelado nos exorthó a    No tener miedo. El Resucitado está aquí entre nosotros para animarnos, guiarnos y fortalecernos, dijo.

Este domingo 12 de abril, Mons. Sergio Gualberti, ha celebrado en la Catedral la misa del Domingo de Resurrección. Concelebraron; Monseñor Estanislao Dowlaszewicz, Monseñor René Leigue, el P. Hugo Ara, Rector de la Catedral y el P. Mario Ortuño.

A todos ustedes, en particular a los afectados por el virus, mis augurios de Santa Pascua, seamos gozosos pregoneros de la Buena Noticia: “Cristo ha Resucitado” y ha vuelto a la vida, para no morir más. Amén, aleluya, aleluya, dijo el Arzobispo.

También Monseñor dijo que como los discípulos, también nosotros somos llamados a ser testigos de “Cristo Resucitado, nuestra esperanza y nuestra paz!”. La esperanza del Resucitado que está en nuestro corazón, que hace resplandecer la luz de la verdad, que nos preserva del miedo, del egoísmo y de la muerte, que nos da la fuerza para enfrentar los difíciles momentos que nunca faltan en nuestra existencia.

Así mismo e prelado afirmo que la paz es  don del Resucitado pero un don a compartir con los demás, un don que requiere nuestro compromiso, por eso es también conquista, como    respuesta agradecida a Dios. Esto implica convertirnos en “operadores de paz”, dando testimonio de la justicia, la libertad, la verdad y el amor.

Seamos operadores de paz y testimoniemos con valentía la novedad de la Pascua, la fiesta de la liberación de toda clase de males, las injusticias, las desigualdades, las divisiones, los odios y las violencias. En esta tarea, los principios conductores que nos tiene que inspirar son el bien común, la sacralidad de la vida y la dignidad de todo ser humano, en cuanto hijo de Dios, sin distinción ni discriminación alguna, dijo Monseñor Sergio Gualberti.

 

Homilía del Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberi

Domingo de Pascua 12/04/2020

Cristo ha Resucitado y es nuestra vida”. Esta es la noticia maravillosa que hoy resuena con particular conmoción en nuestros hogares y en nuestros corazones en este tiempo de sufrimiento y dolor. A pesar de esta situación, lo proclamamos con alegría porque “¡Cristo está vivo y no muere más!”, y gracias a Él podemos ser partícipes de la fiesta de la vida y de la esperanza.

Partícipes de la victoria de Cristo sobre el maligno, de la gracia sobre el pecado, de la verdad sobre la mentira, de la luz sobre las tinieblas y de la humildad sobre la arrogancia.

El evangelio de hoy, nos dice que el primer día de la semana, el domingo, los discípulos Pedro y Juan, avisados por María Magdalena, corren al sepulcro y lo encuentran vacío, tal como ella les había dicho. Ellos quedan desconcertados; todavía no comprenden que Cristo debía resucitar de entre los muertos y que “Vive el Señor de veras”, a pesar de que él se lo había anunciado en varias oportunidades.

El sepulcro vacío es la respuesta definitiva de Dios Padre a los que, a voz en cuello, habían pedido la muerte de su Hijo gritando: “crucifícalo”, y respuesta también a los pregoneros de muerte de todos los tiempos y lugares.

El milagro de la vida nueva del Resucitado inicia precisamente desde su muerte, cuando los enemigos creían haberlo vencido y callado para siempre La vida nueva del Resucitado es también la fuente de la vida nueva de nosotros sus discípulos, la vida de hijos de Dios desde ya en nuestra existencia terrenal, en espera de la vida plena y eterna. La vida nueva que nos hace latir con los mismos sentimientos de Cristo y nos abre a nuevas relaciones de amor y comunión con Dios y con el prójimo. Es la vida nueva y eterna que no termina con la muerte y que se desarrolla bajo la insignia de la esperanza y la paz, frutos de la salvación y que nos pide una conversión total de mentalidad, corazón y conducta no solo personal sino también social, un cambio total que vuelca las reglas de este mundo.

Gracias al Resucitado, mas allá de nuestra existencia terrenal, es siempre vida, porque Él es la “Vida” para siempre. Este es el Credo que las primeras comunidades cristianas han testimoniado con gozo al mundo entonces conocido, de acuerdo a las palabras de San Pedro que hemos escuchado en la primera lectura: “ Ustedes conocen lo que aconteció… Jesús de Nazaret… pasó haciendo el bien y sanando a todos, lo crucificaron, Dios lo ha resucitado y está vivo y nosotros somos testigos“.

Los apóstoles son testigos de Jesús resucitado porque han tenido un encuentro personal con Él que en varios momentos se les apareció y compartió con ellos, despejó sus temores y vacilaciones y les dio el don del Espíritu Santo, que les capacitó para ser sus testigos.  

Como ellos, también nosotros somos llamados a ser testigos de “Cristo Resucitado, nuestra esperanza y nuestra paz!”. La esperanza del Resucitado que está en nuestro corazón, que hace resplandecer la luz de la verdad, que nos preserva del miedo, del egoísmo y de la muerte, que nos da la fuerza para enfrentar los difíciles momentos que nunca faltan en nuestra existencia y que nos impulsa a gastar nuestra vida al servicio del Evangelio y del prójimo, encontrando, en nuestra entrega, el sentido pleno de nuestra existencia.

Ser testigos del Resucitado, nuestra esperanza, en estos momentos de desconcierto y de dolor general, cuando nuestro mundo necesita luz, un horizonte certero y alguien en quien confiar. Para cumplir esta misión muy comprometedora, hace falta una fe profunda, una esperanza viva y una caridad fraterna que solo el Resucitado nos puede dar.

Ser testigos del “Resucitado nuestra paz. Esta es la primera palabra del Resucitado cuando se aparece a sus discípulos: “La paz esté con ustedes“. No cualquier paz, sino su paz: “La paz les dejo, mi Paz les doy”. La paz don y fruto de su amor y de su entrega al Padre y a la humanidad. Paz que es mucho más que la falta de conflicto y de guerra, paz que es vida digna, armoniosa y serena para todos, paz que es amor, solidaridad y hermandad.

Es cierto que la paz es un don del Resucitado pero un don a compartir con los demás, un don que requiere nuestro compromiso, por eso es también conquista, como    respuesta agradecida a Dios. Esto implica convertirnos en “operadores de paz”, dando testimonio de la justicia, la libertad, la verdad y el amor, como escribía el Papa San Juan XIII en su Encíclica “La Paz en la Tierra”.

Ser operadores de paz nos lleva a testimoniar con valentía la novedad de la Pascua, la fiesta de la liberación de toda clase de males, las injusticias, las desigualdades, las divisiones, los odios y las violencias. En esta tarea, los principios conductores que nos tiene que inspirar son el bien común, la sacralidad de la vida y la dignidad de todo ser humano, en cuanto hijo de Dios, sin distinción ni discriminación alguna.

Ser testigos del Resucitado es ser testigos de vida, esperanza, paz, los nuevos horizontes para los cristianos como pide San Pablo en la carta  a la comunidad de Colosas:” Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios…”. Buscar los bienes del cielo, los bienes auténticos que no perecen, sacando de nuestra vida el pecado, el apego a las riquezas, a los bienes materiales y al ansia de poder, que son la vieja levadura de la corrupción: “Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra”.

En este día santo, la Buena Noticia nos impulsa a buscar al Resucitado, a correr también nosotros al sepulcro, a quitar la piedra, hacer el mismo camino de Pedro y los demás apóstoles y salir de nuestras dudas e incredulidad.

¡Es Pascua! La fiesta de Cristo nuestra Vida que ya no muere más, la fiesta del gozo que no tiene fin. La fiesta de la vida nueva, de la paz y de la esperanza que se hace más fuerte en las dificultades.

¡Es Pascua!  “Vive el Señor de veras”, para siempre y para todos. Abranos nuestro coirazón al dolor y necesidades de nuestros hermanos y curemos sus heridas del cuerpo y del espíritu.

¡Es Pascua!  No tengamos miedo. El Resucitado vencedor de la muerte y el mal, el Señor de la vida y de la historia, está aquí entre nosotros para animarnos, guiarnos y fortalecernos.  A todos ustedes, en particular a los afectados por el virus, mis augurios de Santa Pascua, seamos gozosos pregoneros de la Buena Noticia: “Cristo ha Resucitado” y ha vuelto a la vida, para no morir más. Amén, aleluya, aleluya.

Fotografías: Javier Vargas – Diakonía

Muchas !GRACIAS!, al equipo de la Escuela Superior de Comunicación Audiovisual “DIAKONIA”, por haber hecho posible que la belleza de la Imagen de la Semana Santa, haya podido llegar hasta todos los hogares de Santa Cruz, de Bolivia y del Mundo. ¡Gracias por donar su sabiduría al Señor!

Graciela Arandia de Hidalgo



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