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miércoles 21 febrero 2018
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Acoger la Palabra de Dios para ser profetas de vida en nuestra realidad, dice Monseñor Sergio

Este domingo Monseñor Sergio invitó a todos los creyentes a acoger con gozo y disponibilidad la Palabra de Dios para “Anunciar el evangelio de la vida, pero también denunciar lo que en este mundo se opone a la instauración del reino de Dios, el reino de vida, de justicia, de libertad, amor y paz.

Al referirse a la autoridad con que predicaba Jesús, el Arzobispo de Santa Cruz señaló que “La gente se sorprende porque Jesús predica y enseña como un maestro con autoridad y lleno de sabiduría: “una nueva doctrina enseñada con autoridad”. La gran novedad está en el amor, la única fuerza que vence al egoísmo y al mal y que capacita a entregar la vida por el Reino de Dios.

Jesús fascina y atrae con el testimonio del amor y la coherencia  entre su manera de ser, predicar y actuar como Profeta en total comunión con el Padre” afirmó el Prelado.

Al respecto añadió que “La palabra Jesús es la palabra definitiva de Dios, a la que hay que prestar total atención, acogerla y hacerla vida. Para eso necesitamos crear silencio en nuestro interior, en la mente y el corazón, no dejar espacio a superficialidades y distracciones, menos aún dar cabida a falsos profetas y charlatanes que, movidos por intereses oscuros, prometen prodigios baratos o pregonan calamidades e infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente”.

Sin embargo, el Prelado aclaró que la disponibilidad a la Palabra de Dios implica también el compromiso de anunciar y denunciar como lo hicieron los profetas: “Entregarnos al Señor es entregarnos a su palabra, ser también nosotros profetas, convertirnos en mensajeros y portavoces de Dios para los demás. Es la novedad traída por Jesús: por el bautismo todos los cristianos somos hechos partícipes de su misma misión, el anuncio del Evangelio, cada cual de acuerdo al carisma que Dios le ha dado”.

“Anunciar el evangelio de la vida, pero también denunciar lo que en este mundo se opone a la instauración del reino de Dios, el reino de vida, de justicia, de libertad, amor y paz.

Así mismo, el Arzobispo cruceño celebró con alegría que el papa Francisco aprobó la canonización de quien será La Primera Santa boliviana:

“Y justamente ayer hemos conocido con gran alegría la noticia de que el Papa Francisco ha aprobado la canonización de la Beata Nazaria Ignacia March, solo falta la fecha y el lugar para que sea elevada a los altares como Santa. La primera Santa boliviana, fundadora de las Misioneras cruzadas de la Iglesia, una mujer profeta en su tiempo que “bajó a la calle” y “permaneció  en la plaza de la historia” de nuestro país, para encontrar a los más pobres entre los pobres. Abrió casas de acogida para niños huérfanos, organizó la “olla del pobres”, sirvió a los mineros, desempleados y migrantes, impulsó el primer sindicato femenino de Bolivia, buscando eliminar las causas de la pobreza y exclusión. Es una gracia de Dios para la Iglesia y para nuestro país, que nos mueve a comprometernos a ser profetas y a entregar nuestra vida por el Evangelio” señaló.

Este domingo se ha llevado a cabo una segunda colecta solidaria a favor de las víctimas de las inundaciones en Santa Cruz.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SEGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ.

DOMINGO 28 DE ENERO DE 2018

BASÍLIA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

El Señor, tu Dios, hará surgir un profeta de entre ustedes…”. Moisés hace este anuncio a los israelitas que, después de 40 años en el desierto están por entrar en la tierra prometida; palabras que marcarán profundamente toda la historia del pueblo de Israel hasta la venida de Jesús, aquel que cumplirá a plenitud esa promesa.

Moisés define la figura y la función oficial de un profeta en el pueblo de Israel, como hombre elegido por el Señor para una misión precisa: “Pondré mis palabras en su boca y el dirá todo lo que yo ordene”. Dios pone sus palabras en la mente, corazón y boca del profeta para que las comunique fielmente al pueblo, sea su portavoz y ponga su vida a disposición del Señor. Los profetas se vuelven la conciencia del pueblo de Israel, la voz que apremia a preservar en la fe en el Dios verdadero y a cumplir con fidelidad la alianza, con una palabra siempre oportuna que ilumina, anima, corrige y también fustiga según las diversas circunstancias.

Un tema central de la predicación de los profetas fue la de avivar la esperanza en Israel con el anuncio de la venida del Mesías, el enviado de Dios con la misión de liberar de la esclavitud del mal y del pecado, instaurar la nueva y definitiva alianza y traer la salvación. En el cumplimiento de su misión, los profetas se metieron en la vida del pueblo denunciando con valentía las injusticias e idolatrías de los poderes políticos, militares, económicos y religiosos que se oponían al señorío de Dios.

Todos los profetas se caracterizaron por su total libertad frente a esos poderes, por su capacidad de discernimiento, su palabra penetrante y su fuerte carisma personal.

Pero Jesús será el profeta por excelencia que cumple a plenitud esa promesa. Jesús no sólo es el portavoz de Dios, sino que es la misma Palabra de Dios hecha carne, la palabra definitiva, en la que se revela y realiza el proyecto salvífico de Dios sobre la humanidad.

Una significativa muestra de la misión profética de Jesús la tenemos en el evangelio de hoy: “Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.”

La gente se sorprende porque Jesús predica y enseña como un maestro con autoridad y lleno de sabiduría: “una nueva doctrina enseñada con autoridad”. La gran novedad está en el amor, la única fuerza que vence al egoísmo y al mal y que capacita a entregar la vida por el Reino de Dios.

Jesús fascina y atrae con el testimonio del amor y la coherencia  entre su manera de ser, predicar y actuar como Profeta en total comunión con el Padre.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo”. El espíritu inmundo es el maligno que domina y esclaviza ese hombre y que, sin embargo, reconoce en Jesús el único que lo puede vencer: “Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús es exactamente la fuerza opuesta del espíritu maligno, es el “Santo” y como tal se le confronta directamente: “Cállate y sal de este hombre… el espíritu impuro salió de ese hombre”. La palabra de Jesús a favor del poseído tiene poder y el maligno lo deja, manifestando así que predica y actúa como el Profeta con poder de liberar al ser humano de todo mal y pecado.

Jesús renueva y re-crea a la humanidad como una nueva creación y con una eficacia única, sana, perdona, erradica al mal en sus raíces y abre las puertas del Reino de Dios.

La palabra Jesús es la palabra definitiva de Dios, a la que hay que prestar total atención, acogerla y hacerla vida. Para eso necesitamos crear silencio en nuestro interior, en la mente y el corazón, no dejar espacio a superficialidades y distracciones, menos aún dar cabida a falsos profetas y charlatanes que, movidos por intereses oscuros, prometen prodigios baratos o pregonan calamidades e infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente.

San Pablo, en la carta a los cristianos de Corinto, nos exhorta a acoger con gozo y disponibilidad la palabra del Señor que quiere nuestro bien y que nos anima a poner nuestra vida en manos de Dios.  “Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes… para que hagan lo más conveniente y se entreguen totalmente al Señor”.

 Entregarnos al Señor es entregarnos a su palabra, ser también nosotros profetas, convertirnos en mensajeros y portavoces de Dios para los demás. Es la novedad traída por Jesús: por el bautismo todos los cristianos somos hechos partícipes de su misma misión, el anuncio del Evangelio, cada cual de acuerdo al carisma que Dios le ha dado.

Anunciar el evangelio de la vida, pero también denunciar lo que en este mundo se opone a la instauración del reino de Dios, el reino de vida, de justicia, de libertad, amor y paz. Es una misión a realizar con humildad y respeto, porque la palabra no es nuestra es de Dios y hay que trasmitirla con total fidelidad.

Una palabra que, como en los profetas del Antiguo Testamento, tiene que hacerse vida, parte de nuestro modo de ser, de pensar, de amar y de actuar, para testimoniar con nuestra vida la alegría del Evangelio en todos los ámbitos en que nos movemos y actuamos, dispuestos, si fuera necesario, a sufrir por la Palabra de Dios como tuvieron que padecer tantos profetas.

Y justamente ayer hemos conocido con gran alegría la noticia de que el Papa Francisco ha aprobado la canonización de la Beata Nazaria Ignacia March, solo falta la fecha y el lugar para que sea elevada a los altares como Santa. La primera Santa boliviana, fundadora de las Misioneras cruzadas de la Iglesia, una mujer profeta en su tiempo que bajó a la calle” y “permaneció  en la plaza de la historia” de nuestro país, para encontrar a los más pobres entre los pobres. Abrió casas de acogida para niños huérfanos, organizó la “olla del pobres”, sirvió a los mineros, desempleados y migrantes, impulsó el primer sindicato femenino de Bolivia, buscando eliminar las causas de la pobreza y exclusión. Es una gracia de Dios para la Iglesia y para nuestro país, que nos mueve a comprometernos a ser profetas y a entregar nuestra vida por el Evangelio.

Siguiendo su ejemplo, al salir del templo finalizada la Eucaristía, tendremos una segunda colecta en ayuda a los hermanos víctimas de las inundación de las semanas anteriores y que siguen sufriendo sus graves consecuencias. Nuestra generosidad es un signo concreto de solidaridad que aliviará su dura situación y les animará en la esperanza de contar con unas condiciones de vida dignas de todo hijo de Dios: hagámoslo con alegría. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

Erwin Bazán Gutiérrez



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