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miércoles 21 febrero 2018
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Monseñor Sergio pide apostar por la paz y recurrir al diálogo franco, abierto y verdadero

Desde la Catedral Metropolitana de Santa Cruz, Monseñor Sergio Gualberti aseguró que trabajar por el Reino de Dios exige “renovarnos en lo profundo de nuestro ser y un cambio radical de nuestra manera de pensar y de actuar, donde no haya cabida para la lógica del poder, del odio y de la violencia”. En ese sentido, pidió a todos apostar por la paz y ser operadores de paz “en una sociedad donde hay pregoneros  de odio, violencia, lucha y guerra”.

En esa línea insistió en la necesidad de “…recurrir al diálogo franco, abierto y verdadero en el respeto del pluralismo cultural y religioso, defender los valores de la verdad, la libertad y la justicia, como medios seguros que garantizan una sociedad en armonía y paz” señaló el Prelado.

 El tema central, tanto de las lecturas como de la homilía de este domingo 21 de enero de 2018, ha sido la vocación y misión de todo cristiano de: anunciar y testimoniar la Buena Noticia del reino de Dios. En ese sentido, el Arzobsipo de Santa Cruz, Monseñor Sergio Gualberti, desde la Catedral Metropolitana explicó que “El Reino de Dios es el plan de salvación del Padre sobre toda la humanidad, y si el Reino es de Dios, es lógico que Él ejerza la soberanía incondicional. Pero, no un poder que oprime y esclaviza, sino el poder del amor que da vida, sana y libera”.

“Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. El Reino de Dios es la gran novedad, la Buena Noticia que nos pide renovarnos en lo profundo de nuestro ser y un cambio radical de nuestra manera de pensar y de actuar, donde no haya cabida para la lógica del poder, del odio y de la violencia” señaló Monseñor.

A tiempo de señalar que en el plan del Padre todos somos sus hijos amados, iguales en dignidad y sin distinción alguna enfatizó que “si queremos construir una sociedad sobre bases sólidas, tenemos que asumir los valores del Reino de Dios: la verdad y la vida, la justicia, el amor, ls solidaridad, la libertad y la paz”.

Para Monerñor Sergio “Los cristianos tenemos que tomar conciencia de que Reino de Dios, es el tesoro verdadero que perdura para siempre, el absoluto ante el cual se relativizan todas las demás realidades, poderes y bienes de este mundo. Por eso, acogiendo la advertencia de San Pablo: “La apariencia de este mundo es pasajera”, sólo debemos arrodillarnos ante Dios y no ante ningún poder humano por más que pretenda endiosarse y que domine sobre los demás, porque esto, además de mellar la dignidad de toda persona, es una grave ofensa a Dios”.

En línea con lo anterior, señaló que “En el Reino de Dios, la tarea de la autoridad no es dominar sino servir al bien común, a la vida de todos, en particular de los pobres y marginados, sin discriminación ni exclusión alguna”.

Al recordar el llamado de Jesús a la pareja de hermanos pescadores a quienes les pide un cambio radical de vida y quienes respondieron inmediatamente dejando todo atrás para seguirlo, llamó a todos los creyentes y personas de buena voluntad, a “Acoger el llamado del Señor en una sociedad donde hay pregonerois  de odio, violencia, lucha y guerra,implica apostar por la paz y ser operadores de paz, recurrir al diálogo franco, abierto y verdadero en el respeto del pluralismo cultural y religioso, defender los valores de la verdad, la libertad y la justicia, como medios seguros que garantizan una sociedad en armonía y paz. Paz que no es fruto solo de nuestros esfuerzos, sino que es don de Dios” aseguró.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ

DOMINGO 21 DE ENERO DE 2018

La palabra de Dios de este domingo profundiza el tema de la vocación y misión de todo cristiano: anunciar y testimoniar la Buena Noticia del reino de Dios.

En la primera lectura Dios ordena a Jonás:” Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré”. Nínive, capital del gran imperio Asirio que había sometido a la esclavitud el pueblo de Israel, es el símbolo del poder autosuficiente y opresor, que se sustenta sobre la estrategia de la violencia y la guerra. La misión confiada a Jonás parece algo absurdo e imposible, pedir con amenazas que la ciudad se convierta y en nombre de un Dios desconocido por los ninivitas:” Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida”. Por eso, podemos bien comprender que Jonás, ante la primera llamada de Dios, escapa embarcándose en la dirección contraria para ir lo más lejos posible de Nínive.

Pero Dios persiste en sus planes y llama por segunda vez a Jonás: “Parte ahora mismo para Nínive”. Jonás obedece y durante tres días recorre la ciudad predicando la conversión. Contrariamente a sus temores los ninivitas acogen la palabra de Dios, se arrepienten, hacen penitencia y cambian de vida, lo que mueve al Señor a actuar con misericordia y a perdonar a la ciudad.

El Evangelio nos presenta los primeros pasos de la misión de Jesús en Galilea, región lejana de Jerusalén y menospreciada por ser confinante con pueblos paganos. Sus primeras palabras son la síntesis de su programa y misión: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”.  El tiempo de la espera se ha cumplido, ahora el Reinado de Dios se ha hecho realidad, es su tiempo.

Muchas veces hemos escuchado esta expresión el “Reino de Dios”, sin embargo nos resulta difícil comprender a cabalidad lo que significa, ya que es propria de la cultura y de los tiempos en los que las monarquías gobernaban a los pueblos.

El Reino de Dios es el plan de salvación del Padre sobre toda la humanidad, y si el Reino es de Dios, es lógico que Él ejerza la soberanía incondicional. Pero, no un poder que oprime y esclaviza, sino el poder del amor que da vida, sana y libera. En el Plan de Dios, Jesús es el único Salvador que rige la historia de las personas y de la humanidad y que quiere nuestro bien. El Salvador en quien creer y en quien poner nuestra confianza.

El Reino está cerca. En Jesús este proyecto del Padre se ha hecho cercano, se ha hecho carne para que experimentemos el amor de Dios en nuestra vida.

“Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. El Reino de Dios es la gran novedad, la Buena Noticia que nos pide renovarnos en lo profundo de nuestro ser y un cambio radical de nuestra manera de pensar y de actuar, donde no haya cabida para la lógica del poder, del odio y de la violencia. El plan de Dios es vivir nuevas relaciones de amor de nosotros con Dios como Padre de todos, de igualdad entre nosotros como hermanos y de equidad y justicia como administradores de los bienes que Dios ha puesto a nuestra disposición en este mundo.

En el plan del Padre, todos somos sus hijos amados, iguales en dignidad, sin distinción alguna. Por eso, si queremos construir una sociedad sobre bases sólidas, tenemos que asumir los valores del Reino de Dios: la verdad y la vida, la justicia, el amor, ls solidaridad, la libertad y la paz.

Los cristianos tenemos que tomar conciencia de que Reino de Dios, es el tesoro verdadero que perdura para siempre, el absoluto ante el cual se relativizan todas las demás realidades, poderes y bienes de este mundo. Por eso, acogiendo la advertencia de San Pablo: “La apariencia de este mundo es pasajera”, sólo debemos arrodillarnos ante Dios y no ante ningún poder humano por más que pretenda endiosarse y que domine sobre los demás, porque esto, además de mellar la dignidad de toda persona, es una grave ofensa a Dios. En el Reino de Dios, la tarea de la autoridad no es dominar sino servir al bien común, a la vida de todos, en particular de los pobres y marginados, sin discriminación ni exclusión alguna.

Es extraordinario que Jesús no haya querido llevar su misión sólo, sin nuestra participación. Desde los inicios llama a algunos hombres a ser sus discípulos, a estar con él, formar su comunidad y compartir su misión. Estos son dos parejas de hermanos pescadores: “Síganme y Yo les haré ser pescadores de hombres”. Con estas palabras Jesús les está pidiendo el cambio radical y definitivo de vida, un servicio que exige disponibilidad y entrega total, ya no como pescadores de peces sino de hombres.

Jesús los hace ser misioneros, para que anuncien a todo el mundo y compartan la buena noticia del Reino de Dios. Ser con Jesús “pescadores de hombres” para sacar a los que se encuentran en las aguas oscuras del pecado y de la muerte e indicarles el camino de la luz y de la vida en Dios. A la iniciativa de Jesús, la respuesta de los llamados es pronta: “inmediatamente dejaron sus redes y siguieron”. Es una acción decidida y sin titubeos: dejan todo, barcas, instrumentos de trabajo, compañeros, amistades, familiares, casa, pueblo natal, y siguen a Jesús.

Para acoger el llamado del Señor y participar de su plan amoroso de salvación que nos abre horizontes de esperanza y de valor, hace falta creer en Él y adherir sinceramente a su persona y su misión. Compartir su plan de vida y de amor que, como hemos visto, ya está presente y actuante entre nosotros y que se va construyendo día a día hasta llegar a la plenitud al final de la historia, cuando todos gozaremos de la vida plena y eterna.

Acoger el llamado del Señor en una sociedad donde hay pregonerois  de odio, violencia, lucha y guerra,implica apostar por la paz y ser operadores de paz, recurrir al diálogo franco, abierto y verdadero en el respeto del pluralismo cultural y religioso, defender los valores de la verdad, la libertad y la justicia, como medios seguros que garantizan una sociedad en armonía y paz. Paz que no es fruto solo de nuestros esfuerzos, sino que es don de Dios.

Por eso, elevemos nuestras oraciones para que el Señor bendiga, guarde y toque el corazón de todos los bolivianos, en particular de las autoridades por su gran resonsabilidad con la paz y el bien común de toda la población.

No tengamos miedo en decir sí al llamado del Señor y a comprometernos con el reino de Dios, aunque pueda conllevar incomprensiones, burlas y persecuciones. Con las palabras del salmo expresemos nuestra fe y confianza en el Señor que ha prometido estar a nuestro lado y que nos anima y fortalece en todo momento: “Guíame por el camino de tu fidelidad… Tú eres mi Dios y mi salvador”. Amén.

Oficina de prensa del Arzobispado de Santa Cruz.

Erwin Bazán Gutiérrez



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