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viernes 15 diciembre 2017
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“Jesus no aguanta a los hispócritas” asegura Monseñor Sergio lamentando la doble moral en la sociedad

El Arzobispo Cruceño lamentó la doble moral que existe en nuestra sociedad señalando que “La falta de coherencia y autenticidad en nuestro actuar, el divorcio entre la fe y la vida, entre el decir y el hacer, es una forma de hipocresía”.

En su homilía de este domingo desde la Catedral Metropolitana, Monseñor Sergio Gualberti reflexionó sobre la grave denuncia de Jesús ante la gente y sus discípulos, en contra de los dirigentes del judaísmo oficial, que hablan conforme a la ley de Moisés, pero que no la cumplen: “En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos, hagan y cumplan lo que les digan, pero no hagan lo que ellos hacen, pues no hacen lo que dicen”.

A decir de Monseñor Sergio: “Jesús no aguanta a los hipócritas, las personas de doble moral que se ponen la máscara de perfectos y hombres de bien, que enseñan, interpretan e imponen preceptos siempre más duros a los demás y exigen que se apliquen hasta en los más mínimos detalles, pero ellos se eximen de practicar. “Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo”.

Monseñor Sergio precisa que “Lo más grave es que todo lo hacen no por amor a Dios y a su palabra, sino por la ostentación y el prestigio:Todo lo que hacen es para que los vea la gente“. Se muestran en público con títulos solemnes y posturas arrogantes, ambicionando pleitesía y protagonismo”.

El tema de fondo es “La falta de coherencia y autenticidad en nuestro actuar, el divorcio entre la fe y la vida, entre el decir y el hacer, es una forma de hipocresía” sostiene Monseñor Sergio a tiempo de subrayar que “Esta denuncia profética de Jesús sigue siendo actual, pues su alcance es universal y se dirige a todos nosotros creyentes, obispos, sacerdotes, personas consagradas, agentes de pastoral y laicos. La falta de coherencia y autenticidad en nuestro actuar, el divorcio entre la fe y la vida, entre el decir y el hacer, es una forma de hipocresía. Ya hace más de 50 años el Concilio Vaticano II denunciaba que el anti-testimonio y la doble actitud de los cristianos son una causa de la increencia e indiferencia religiosa: “Los creyentes vela­mos con frecuencia, más que revelamos, el genuino rostro de Dios” (GS 19,3).

Finalmente, frente al mensaje de aquellos que se ensalzan a sí mismos, explicó que “Al contrario, una persona es tanto más grande cuanto más grande es su corazón, y cuanto más se pone al servicio de Dios y de los demás, libremente y por amor al estilo de Jesús: “He venido para servir y no para ser servido”. Es la absoluta novedad di Jesús: Dios se hace el “servidor” y nos pide seguir sus pasos”.

Homilía de Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz.

Domingo 5 de noviembre de 2017.

Basílica Menor de San Lorenzo Mártir

En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos, hagan y cumplan lo que les digan, pero no hagan lo que ellos hacen, pues no hacen lo que dicen“. Es la grave denuncia de Jesús ante la gente y sus discípulos, en contra de los dirigentes del judaísmo oficial, que hablan conforme a la ley de Moisés, pero que no la cumplen.

Jesús no aguanta a los hipócritas, las personas de doble moral que se ponen la máscara de perfectos y hombres de bien, que enseñan, interpretan e imponen preceptos siempre más duros a los demás y exigen que se apliquen hasta en los más mínimos detalles, pero ellos se eximen de practicar. “Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo”.  Lo más grave es que todo lo hacen no por amor a Dios y a su palabra, sino por la ostentación y el prestigio:Todo lo que hacen es para que los vea la gente“. Se muestran en público con títulos solemnes y posturas arrogantes, ambicionando pleitesía y protagonismo.

También el profeta Malaquías manifiesta la misma condena de parte de Dios a los sacerdotes israelitas por su conducta hipócrita y porque “no se deciden a dar gloria a Dios no siguen mis caminos, han pervertido la Alianza y han hecho tropezar a muchos con su doctrina…”. Además discriminan a la gente pobre y sencilla exigiendo que cumplan la ley y dispensan a los ricos y poderosos: ”hacen acepción de personas al aplicar la ley”.

A pesar de la dura condena a esos dirigentes, Jesús no los desautoriza:hagan y cumplan todo lo que les digan”.

Esta denuncia profética de Jesús sigue siendo actual, pues su alcance es universal y se dirige a todos nosotros creyentes, obispos, sacerdotes, personas consagradas, agentes de pastoral y laicos. La falta de coherencia y autenticidad en nuestro actuar, el divorcio entre la fe y la vida, entre el decir y el hacer, es una forma corriente de hipocresía. Ya hace más de 50 años el Concilio Vaticano II denunciaba que el anti-testimonio y la doble actitud de los cristianos son una causa de la increencia e indiferencia religiosa: “Los creyentes vela­mos con frecuencia, más que revelamos, el genuino rostro de Dios” (GS 19,3).

Confirma esta afirmación el Papa Francisco con su estilo claro y directo: “Todos sabemos: en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en nuestros barrios, cuánto daño hacen a la Iglesia y son motivo de escándalo, aquellas personas que se profesan tan católicas y van a menudo a la iglesia, pero después, en su vida cotidiana descuidan a la familia, hablan mal de los demás, etc. Esto es lo que Jesús condena porque es un anti-testimonio cristiano“.

Estos llamados de atención nos tienen que mover a hacer un examen de conciencia sincero y emprender con valentía el camino de la conversión. En particular, nosotros pastores, llamados por Dios a apacentar el pueblo de Dios, debemos vivir nuestra vocación y misión de acuerdo a lo que Jesús nos pide: “Que el más grande de entre ustedes se haga el servidor de los otros”.

Servidor de todos” ha sido el lema que ha orientado y guiado todo el ministerio de pastor de nuestro querido Cardenal Julio, un ejemplo todavía muy vivo en nuestra mente y nuestro corazón. Una vida entregada al servicio de Jesucristo, del Evangelio y de la Iglesia, la voz de los sin voz, testigo valiente del amor de Dios a los más pobres y olvidados.

Él ha seguido los pasos de Jesús al igual que San Pablo, como atestigua en su carta a los cristianos de Tesalónica. En su vida y su labor misionera es plenamente consecuente con el anuncio del Evangelio: ”Fuimos tan condescendientes con ustedes, como una madre que alimenta y cuida a sus hijosSentíamos por ustedes tanto afecto, que deseábamos entregarles, no solamente la Buena Noticia de Dios, sino también nuestra propia vida”. Un amor de madre que no se limita a predicar y entregar el Evangelio a esa comunidad, sino que también entregó su propia vida.

Jesús también denuncia la sed de poder y de prestigio como actitud contraria al ser cristiano: “Ustedes no se hagan llamar ni maestro, ni padre, ni doctores, porque uno solo es el Padre y uno solo es el maestro y señor, el Cristoy todos ustedes son hermanos”.

Estas palabras son un vuelco total de la mentalidad dominante en el mundo, que a veces se manifiesta también en la comunidad eclesial: nadie tiene que considerarse superior a los demás, porque todos somos hermanos con igual dignidad. Por tanto nuestras relaciones tienen que caracterizarse por el respeto mutuo, la justicia, la fraternidad y la solidaridad.

Jesús sigue ahondando más su enseñanza: “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. Es la inversión de nuestra idea de honor y grandeza ligadas al poder, al prestigio y a las riquezas.

Los que buscan enaltecerse de esta manera, serán humillados, experimentarán la decepción del vacío de esos ídolos y de las limitaciones y fragilidades del ser humano. Al contrario, una persona es tanto más grande cuanto más grande es su corazón, y cuanto más se pone al servicio de Dios y de los demás, libremente y por amor al estilo de Jesús: “He venido para servir y no para ser servido”. Es la absoluta novedad di Jesús: Dios se hace el “servidor” y nos pide seguir sus pasos.

Nuestro mundo necesita amor y no ídolos, amor hecho de gestos cotidianos y silenciosos de entrega y servicio, como la mano tendida de un pobre hacia otro necesitado, como la entrega de una madre sola que lucha para sacar adelante a sus hijos y tantos otros ejemplos. Lo que cambia una sociedad son los gestos frutos de un corazón que se abre y se dona por el bien de los demás y que se pone al servicio del bien común de todos, en especial de los pobres y descartados. Por eso, “servicio” podría ser la fórmula secreta de una convivencia humana pacífica y de una sociedad fraterna y justa.

En el salmo encontramos el testimonio sereno de un creyente que, como Jesús,  ha hecho de su vida un servicio humilde y entregado: “Mi corazón no se ha enorgullecido, Señor, ni mis ojos se han vuelto altaneros. No he pretendido grandes cosas ni he tenido aspiraciones desmedidas… como un niño tranquilo en el regazo de su madre, así está mi alma dentro de mí”. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Erwin Bazán Gutiérrez



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