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viernes 15 diciembre 2017
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Monseñor Sergio: No hay cabida para la divinización del poder político, ni para ideologías totalitarias y la absolutización del pensamiento único

“…No hay cabida para la divinización del poder político, ni para las ideologías totalitaristas y la absolutización del pensamiento único, como ha pasado en la historia humana hasta el día de hoy, donde sobran los ejemplos de los “cesares de turno” que buscan constituirse como “señores y dioses” de los pueblos y naciones. (…) “En el caso de que el poder político se extralimitara y quisiera sustituirse a Dios imponiendo su dominio y acallando las voces disonantes, entonces el cristiano tendría la obligación de rebelarse, siguiendo el ejemplo el apóstol Pedro que, ante las autoridades judías que le prohibían predicar en nombre de Jesús, respondió: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. A esa conclusión arribó Monseñor Sergio Gualbeti, Arzobispo de Santa Cruz, en el enfoque coyuntural de su homilía de este domingo 22 de octubre.

El Prelado dirigó también un mensaje en ocasion de la celebración del Domingo Mundial de las Misiones conocido como “Domund” donde Monseñor Sergio anima a ser valientes y a salir a anunciar a Jesucristo como el único Señor.

En el el Evangelio asistimos a una controversia diríamos de “carácter político” entre Jesús y dos grupos judíos: los fariseos y herodianos. De este diálogo deviene esa afirmación magistral, que ha pasado a la historia: “Den al Cesar lo que es del Cesar y den a Dios, lo que es de Dios”. Desde la Catedral Metropolitana explicó que “La correcta interpretación de las palabras de Jesús, no contrapone el Cesar a Dios, lo político  y lo religioso, lo temporal y lo espiritual, sino establece un orden de importancia donde Dios prima sobre el Cesar. En este sentido, todo el actuar humano personal y social, incluyendo el político, está bajo la autoridad de Dios y su autonomía se limita a su propio ámbito y de ninguna manera puede estar al nivel o por encima de Dios. Lo último y esencial no es el César, sino Dios, que por amor quiere nuestra salvación”.

En ese sentido recordó que “Algunos se basan sobre esta frase de Jesús para impulsar una visión laicista del Estado, donde la Iglesia, el Evangelio, los Obispos, los sacerdotes y los laicos comprometidos deben limitarse a la sacristía y a los templos (…) “Si esta fuera la visión de Jesús, sería en contradicción con sus enseñanzas, su actuación y su mandato: “El Espíritu del Señor… me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres, proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor…” Jesús confía esa misma misión a sus discípulos.” Vayan por todo el mundo y anuncien la buena noticia a todos los pueblos”.

A ese respecto subrayó que “Por tanto, la Iglesia al comprometerse con los valores humanos y de acuerdo al evangelio en la sociedad, la cultura, la economía y la política solo está siguiendo el ejemplo del Señor y cumpliendo su mandato”.

En esta perspectiva Monseñor Sergio afirmó que “no hay cabida para la divinización del poder político, ni para las ideologías totalitaristas y la absolutización del pensamiento único, como ha pasado en la historia humana hasta el día de hoy, donde sobran los ejemplos de los “cesares de turno” que buscan constituirse como “señores y dioses” de los pueblos y naciones.  Por el contrario, la vocación del poder político es la de servir a la persona y a la sociedad, respetando las leyes fundamentales que el Señor ha puesto en el interior del ser humano, como la vida, la igual dignidad de toda persona, los derechos humanos, la justicia, la verdad, el bien común y la paz”.

Monseñor incluso recordó al apóstol Pedro que se reveló frente al poder de turno “En el caso de que el poder político se extralimitara y quisiera sustituirse a Dios imponiendo su dominio y acallando las voces disonantes, entonces el cristiano tendría la obligación de rebelarse, siguiendo el ejemplo el apóstol Pedro que, ante las autoridades judías que le prohibían predicar en nombre de Jesús, respondió: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

“La palabra de Dios de este Domingo mundial de las Misiones nos anima a ser valientes y a salir a anunciar a Jesucristo como el único Señor, como hemos escuchado en la lectura del profeta Isaías: ”Yo soy el Señor, y no hay otro”. Con estas palabras, Monseñor Sergio Gualberti entrelazó la celebración del Domingo Mundial de las Misiones con las lecturas del domingo.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ,

DOMINGO 22 DE OCTUBRE, DOMUND 2017.

BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR.

Hoy celebramos el Domingo Mundial de las Misiones animados por el lema: “¡Iglesia en salida, contagia tu alegría!”. Nosotros los discípulos que vivimos la alegría de haber encontrado a Jesús y el camino de la salvación, somos urgidos a ser misioneros y a asumir la responsabilidad de compartir la fe con los que todavía no conocen al Evangelio.

Al respecto escuchamos algunas frases del mensaje del Papa Francisco: “Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador», que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo… Esta es nuestra responsabilidad como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. El mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial.

Anunciar el Evangelio, la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros.

El Evangelio es una persona, es Jesús que continuamente se ofrece y continuamente invita a los que la reciben con fe humilde y laboriosa a compartir su vida mediante la participación efectiva en su misterio pascual de muerte y resurrección.

Él, a través de la Iglesia, continúa su misión de Buen Samaritano, curando las heridas sangrantes de la humanidad, y de Buen Pastor, buscando sin descanso a quienes se han perdido por caminos tortuosos y sin una meta”. Hermosas y profundas palabras del Papa.

En este espíritu misionero nos adentramos a las lecturas de este domingo que nos presentan a Dios como el Señor de la historia que rige los destinos de nuestra vida y de la humanidad y a descubrir y reconocer su presencia en todos los acontecimientos.

En el Evangelio asistimos a una controversia diríamos de “carácter político” entre Jesús y dos grupos judíos sus oponentes: los fariseos y herodianos. Éstos últimos eran miembros de un partido que apoyaba al rey Herodes y a los dominadores romanos, mientras que los fariseos eran practicantes tradicionalistas y contrarios al imperio romano, sin embargo, a pesar de ser enemigos entre ellos, en este caso se unieron para sorprender a Jesús. Inician el diálogo con un halago:” Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios”.

Sus palabras son falsas y apuntan solo a congraciarse a Jesús, y no se dan cuenta que están diciendo una gran verdad. Sí, Jesús es un maestro sincero que enseña el camino de Dios y no un oportunista que busca su interés y el aplauso del auditorio. Luego esos hombres lanzan al maestro la pregunta clave: “¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”.

Jesús, conociendo la malicia los desarma pronto: “Hipócritas, porque me tienden una la trampa”.  En efecto, si él responde que “no está permitido”, los herodianos lo denunciarán a las autoridades romanas como un revolucionario y subversivo, y si responde que está permitido los fariseos y el pueblo se volcarán en su contra porque colaborador del imperio. Por eso Jesús, con mucha inteligencia, aprovecha esa provocación para aclarar acerca de la relación entre dos dimensiones importantes del ser humano: la religión y la política.

Comienza por llevar al plano práctico la discusión que sus adversarios habían planteado en el plano ideológico: “Muéstrenme la moneda con qué pagan el impuesto” y luego les pregunta: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?” Jesús parte de la constatación de que los judíos reconocían de hecho la dominación de Roma ya que utilizaban las monedas del emperador en sus operaciones comerciales. La respuesta de los interpelados es obvia: la imagen es “Del Cesar”. Jesús ahora termina la discusión con esa afirmación magistral, que ha pasado a la historia: “Den al Cesar lo que es del Cesar y den a Dios, lo que es de Dios”.

Jesús no acepta la alternativa: o Dios o el César, sino que pone las cosas en su lugar. Si ellos se portan como súbditos del imperio y gozan de sus servicios, devuelvan al Cesar lo que es suyo, cumplan con las obligaciones y paguen los impuestos, pero sepan que todo lo demás es de Dios, la tierra y cuanto contiene, en particular las personas creadas a imagen suya.

Algunos se basan sobre esta frase de Jesús para impulsar una visión laicista del Estado, donde la Iglesia, el Evangelio, los Obispos, los sacerdotes y los laicos comprometidos deben limitarse a la sacristía y a los templos. Según esta concepción, temas como la vida humana y la sociedad, la economía, el trabajo, la cultura, la violencia, la injusticia, la pobreza serían de competencia exclusiva de los políticos, los gobernantes y los sindicatos.

Si esta fuera la visión de Jesús, sería en contradicción con sus enseñanzas, su actuación y su mandato: “El Espíritu del Señor… me ha ungido para anunciar la Buena Noticia a los pobres, proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor…” Jesús confía esa misma misión a sus discípulos.” Vayan por todo el mundo y anuncien la buena noticia a todos los pueblos”.

Por tanto, la Iglesia al comprometerse con los valores humanos y de acuerdo al evangelio en la sociedad, la cultura, la economía y la política solo está siguiendo el ejemplo del Señor y cumpliendo su mandato.

La correcta interpretación de las palabras de Jesús, no contrapone el Cesar a Dios, lo político  y lo religioso, lo temporal y lo espiritual, sino establece un orden de importancia donde Dios prima sobre el Cesar. En este sentido, todo el actuar humano personal y social, incluyendo el político, está bajo la autoridad de Dios y su autonomía se limita a su propio ámbito y de ninguna manera puede estar al nivel o por encima de Dios. Lo último y esencial no es el César, sino Dios, que por amor quiere nuestra salvación.

En esta perspectiva, no hay cabida para la divinización del poder político, ni para las ideologías totalitaristas y la absolutización del pensamiento único, como ha pasado en la historia humana hasta el día de hoy, donde sobran los ejemplos de los “cesares de turno” que buscan constituirse como “señores y dioses” de los pueblos y naciones.  Por el contrario, la vocación del poder político es la de servir a la persona y a la sociedad, respetando las leyes fundamentales que el Señor ha puesto en el interior del ser humano, como la vida, la igual dignidad de toda persona, los derechos humanos, la justicia, la verdad, el bien común y la paz.

En el caso de que el poder político se extralimitara y quisiera sustituirse a Dios imponiendo su dominio y acallando las voces disonantes, entonces el cristiano tendría la obligación de rebelarse, siguiendo el ejemplo el apóstol Pedro que, ante las autoridades judías que le prohibían predicar en nombre de Jesús, respondió: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

La palabra de Dios de este Domingo mundial de las Misiones nos anima a ser valientes y a salir a anunciar a Jesucristo como el único Señor, como hemos escuchado en la lectura del profeta Isaías: ”Yo soy el Señor, y no hay otro”. Un Señor que ejerce el poder no de la dominación y de la opresión, sino del amor y del servicio para que todos tengamos vida en abundancia. Con esta certeza consoladora, seamos de verdad miembros activos de la “¡Iglesia en salida, que contagia su alegría!” a todo el mundo. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz

 

Erwin Bazán Gutiérrez



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