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sábado 21 octubre 2017
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Te Deum por Santa Cruz. El Padre Juan Crespo pide mirar el futuro con esperanza y llama a romper con todo lo que separa a los cruceños

“…Todos necesitamos de una familia, de una comunidad, de un pueblo, conscientes de estas fortalezas  rompamos todo aquello que nos separa, destruyamos todos los muros que llevamos dentro de nuestros corazones para construir todos juntos un departamento prospero basados en los principios de la justicia, de la igualdad y fraternidad”.

El Padre Juan Crespo, Vicario General de la Arquidiócesis de Santa Cruz, ha presidido el TE DEUM ecuménico de acción de gracias por la efeméride departamental. En su mensaje, puso especial énfasis en destacar el signo de la cruz que nos invita a mirar el futuro con esperanza, aseguró. También subrayó la necesidad de derribar los muros y construir puentes para construir el futuro que merece Santa Cruz.

El Padre Juan recordó que en estas tierras se plantó el signo de la Redención, la Santa Cruz “Y bajo la sombra de este signo nació un pueblo hospitalario, un pueblo de fuertes convicciones cristianas de Libertad, de Justicia y de Igualdad. Un  pueblo que en su esfuerzo de avanzar hacia el progreso tuvo que luchar contra fuerzas que impedían el desarrollo de los habitantes de estas tierras”.

Y en ese sentido acotó el sentido que debemos dar a la cruz sobre la cual se fundó nuestro departamento “La Santa Cruz es el sufrimiento vivido con amor, y nos lleva a asumir los trabajos de cada día con esa dimensión más profunda, la dimensión redentora y  el triunfo glorioso del Señor resucitado, miramos la Cruz con otros ojos. Entendemos por la fe que en la Cruz está nuestra salvación, y vemos que ese leño seco ha florecido. Vemos que la aspereza de la vida está suavizada por la esperanza de un fruto de vida eterna, que ya comienza en esta vida” señaló.

“La  Santa Cruz es una invitación a vivir más unidos a Cristo (…) La  Santa Cruz nos abre un horizonte lleno de esperanza, porque nos habla de una eficacia que no viene de nuestras obras, sino de la fuerza redentora de la muerte y resurrección del Señor”.

Al hacer una mirada histórica de los sucesos que llevaron a la emancipación e esta tierra y particularmente recordando las batallas de San Pedrillo, Comarapa,  La Angostura, La Florida, Samaipata, Santa Bárbara, Valle Grande y por último en el Pari, la batalla más sangrienta que ha presenciado el oriente boliviano, el Vicario General de Santa Cruz aseguró que El valor cruceño está inscrito con caracteres heroicos” y acotó que Santa Cruz “está poblada por una raza de nobles sentimientos y de sincero patriotismo- y que- ha producido en todo tiempo hombres notables por su saber y ciencia”.

El Prelado sostiene que “Hoy nos encuentra a 2007 años con nuevos tiempos, nuevos retos nuevos sueños. Aquellos ideales de Libertad, Igualdad y de la búsqueda constante de ser autores de nuestro propio destino”.

“Hoy como ayer consientes de nuestras responsabilidades optamos por la revolución del amor y del perdón es en ella  que se van construyendo puentes y no construyendo muros que tiene como cimientos el odio, la venganza, seamos constructores de un pluralismo  democrático,  para tener   un poder constituido más plural y participativo”.

HOMILÍA COMPLETA:

TE DEUM  ECUMÉNICO POR LA EFEMÉRIDE DEPARTAMENTAL DE SANTA CRUZ.

JUAN CRESPO GUTIÉRREZ, VICAIRO GENERAL DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTA CRUZ.

Quiero hacer presente las palabras de felicitación  de nuestro Arzobispo Mons. Sergio Gualberti, en este día tan importante para todos los que hemos nacido y los que vivimos  en esta tierra, nos manifiesta su cercanía y su bendición.

24 de septiembre de 2017: Ocasión propicia de encontrarnos celebrando los 207 años del  “Grito Libertario de Santa Cruz”, oportunidad para mirar nuestro pasado y de esta manera poder enfrentar el futuro de este departamento   oriental de nuestra patria Bolivia.

Estos 207 años nos hacen rememorar los 506 años de aquel diciembre del 1511, allá en la entonces Isla Española hoy Republica Dominicana un domingo de adviento desde un pulpito de nuestra Iglesia  denunciaba la situación que se comenzaba a vivir en estas tierras Latinoamericanas: ¿Estos no son hombres? ¿Con éstos no se deben guardar y cumplir los preceptos de caridad y de la justicia? ¿Estos no tenían sus tierras propias y sus señores y señoríos? ¿Estos nos han ofendido en algo? ¿Acaso no somos obligados a predicársela la Ley de Cristo?  y trabajar con toda diligencia de convertirlos?… Todos están  en pecado mortal, y en él viven y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Esto es el resultado de la situación que vive un pueblo, y los gritos y sufrimientos de un pueblo son denunciados por la Iglesia y es escuchado por Dios, Falta de Libertad, falta de Justicia, desconocimiento de los derechos fundamentales de la persona humana, son motivos que llevan a un pueblo a buscar la Libertad, que explícitamente repetimos en nuestro himno cruceño.

En la primera lectura Isaías profetiza sobre los “nuevos cielos y nueva tierra”, manifestándonos un trasfondo histórico, ante un pueblo conquistado por los Asirios, un pueblo saqueado por sus invasores. Vinieron colonos Asirios a habitar en los lugares que los Israelitas deportados  se habían visto obligados a abandonar. Estos extranjeros, que se mezclaron  con aquellos Israelitas de la Palestina Central que habían escapado de la deportación, los cuales dieron lugar al pueblo Samaritano. En esta situación el pueblo busca liberarse, y llegan las promesas divinas por boca del profeta de mejores días para Israel, Judea y Jerusalén: porque he aquí que yo creare “nuevos cielos y nueva tierra”  de lo primero ya no habrá memoria, ni vendrá más al pensamiento

Entre algunos rasgos de esta “nueva tierra” la muerte sigue asechando a los seres humanos pero el profeta anuncia que ya “No habrá más allí niño que muera de pocos días… porque el niño morirá de cien años” . Las condiciones óptimas de paz y prosperidad en la “nueva tierra” que El Señor  proyecta para los judíos hacen posible una vida normal muy bendecida. El niño no muere prematuramente. Llega a viejo, pero ¡siempre muere! “…en niño morirá de cien años.” En cambio, en la “tierra nueva” de hoy “ya no habrá más muerte”, ¡para ningún ser humano salvado  eternamente! , vendrán tiempos de libertad.

Hasta  estas tierras benditas, llego la voz de muchos profetas, territorio que se  denominó en aquel tiempo Intendencia de Santa Cruz,   de lo que se conformaría en el año 1605 el  Obispado de Santa Cruz, formando parte  las tierras de  los chiriguanos, los valles  donde habitan varias  culturas,    las llanuras de los chiquitanos, y entre los ríos de del Piray y del Grande o Guapay, la cultura de los chane, la fusión de estos pueblos y culturas darán como resultado al cruceño . Misioneros que llegaron a diferentes direcciones hacia las tierras del acre hacia las tierras de Moxos, territorio que en tiempos pasados conformaban esta Diócesis  y que posteriormente seria desde el 1975 la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Fruto del  esfuerzo del trabajo de muchos misioneros Mercedarios, dominicos, franciscanos, jesuitas y diocesanos y la predicación del evangelio de Cristo en estas tierras   se plantó el signo de la Redención, La Santa Cruz.

Y bajo la sombra de este signo nació un pueblo hospitalario, un pueblo de fuertes convicciones cristianas de Libertad, de Justicia y de Igualdad. Un  pueblo que en su esfuerzo de avanzar hacia el progreso tuvo que luchar contra fuerzas que impedían el desarrollo de los habitantes de estas tierras.

Un pueblo que nació bajo la sombra de la Cruz  no es una carga pesada e insoportable, que hemos de

arrastrar resignados. La Santa Cruz es el sufrimiento vivido con amor, y nos lleva a asumir los trabajos de cada día con esa dimensión más profunda, la dimensión redentora y  el triunfo glorioso del Señor resucitado, miramos la Cruz con otros ojos. Entendemos por la fe que en la Cruz está nuestra salvación, y vemos que ese leño seco ha florecido. Vemos que la aspereza de la vida está suavizada por la esperanza de un fruto de vida eterna, que ya comienza en esta vida.

La  Santa Cruz es una invitación a vivir más unidos a Cristo, porque “sin mí no pueden  hacer nada”  compartiendo sus sufrimientos y revestidos de sus sentimientos. La  Santa Cruz nos abre un horizonte lleno de esperanza, porque nos habla de una eficacia que no viene de nuestras obras, sino de la fuerza redentora de la muerte y resurrección del Señor.

Mirando la Cruz de Cristo, no nos echa para atrás el sufrimiento ajeno, sino que nos sentimos movidos a compartirlo solidariamente con quienes tienen más necesidad que nosotros. A nadie le gusta sufrir, ni en carne propia ni al verlo en su alrededor. Sólo la mirada a Cristo crucificado nos da la perspectiva nueva de mirar este mundo dolorido con otros ojos, con ojos de misericordia sanadora.

Son tantos los sufrimientos en los que nos vemos envueltos constantemente, es tanto lo que la gente sufre a poco a poco nos ponemos a escuchar, porque  tenemos la capacidad de ser solidarios, si no fuera por la Cruz de Cristo, que nos eleva de nivel y nos da capacidad para transformar el mundo con los criterios del Evangelio: amar hasta dar la vida.

Vemos imágenes de ese largo éxodo de tantos miles  de refugiados, que va a otras  en busca de una situación mejor para ellos y para sus hijos,  Otros resultado de terremotos como en México y de los huracanes en  Puerto Rico y otras Islas. Pero son muchos más los que no se ven, que han tenido que dejar su patria porque es imposible construir el futuro para sus hijos en ella. Las guerras, los intereses de las grandes naciones, el egoísmo y el odio acumulado de algunas personas van creando como un ambiente enrarecido y contaminado en el que apenas se puede  respirar.

Necesitamos la Cruz de Cristo, que convierte el sufrimiento propio en esperanza y el sufrimiento ajeno en ocasión de solidaridad fraterna. Es posible construir un mundo  mejor, más justo y más fraterno, gracias a la Cruz de Cristo, porque Él ha cargado con nuestros dolores y sus cicatrices nos han curado.

Mirando aquel   24 de septiembre de 1810, fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes, aprovechando que las autoridades celebraban esta fiesta religiosa, en la Iglesia de la Merced, hombres que animados por los deseos de libertad y la fortaleza  que los animaba a ser un pueblo libre,  aprovechan para realizar un Cabildo y tomar la ciudad. Las figuras de Warnes, Seoane, Lemoine, Suarez, Moldes, Salvatierra, nos alienta y compromete, mirando a nuestros proceres.

El valor cruceño está inscrito con caracteres heroicos en las batallas de San Pedrillo, Comarapa,  La Angostura, La Florida, Samaipata, Santa Bárbara, Valle Grande y por último en el Pari, la batalla más sangrienta que ha presenciado el oriente boliviano.

Por lo demás, Santa Cruz, poblada por una raza de nobles sentimientos y de sincero patriotismo, ha producido en todo tiempo hombres notables por su saber y ciencia.

Hoy nos encuentra a 2007 años con nuevos tiempos, nuevos retos nuevos sueños.

Aquellos ideales de Libertad, Igualdad y de la búsqueda constante de ser autores de nuestro propio destino.

Rememorando las Bienaventuranzas, con las palabras del evangelio podemos repetir que a imitación del pobre de Nazareth, vayamos buscando, labrando y estructurando  el futuro de este pueblo, el cual siendo rico se ha hecho pobre por nosotros.

Hoy como ayer consientes de nuestras responsabilidades optamos por la revolución del amor y del perdón es en ella  que se van construyendo puentes y no construyendo muros que tiene como cimientos el odio, la venganza, seamos constructores de un pluralismo  democrático,  para tener   un poder constituido más plural y participativo.

 “Si  resucitaron  con Cristo, buscaran   las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la derecha del Padre”, son invitaciones que nos hace San Pablo en la segunda lectura.  El Corazón dinámico de un pueblo joven, busca más y no se contenta de buscar la verdad, la justicia    y principalmente la fraternidad. Todos necesitamos de una familia, de una comunidad de un pueblo, conscientes de estas fortalezas  rompamos todo aquello que nos separa, destruyamos todos los muros que llevamos dentro de nuestros corazones para construir todos juntos un departamento prospero basados en los principios de la justicia, de la igualdad y fraternidad.

Demos gracias al Señor por nuestros pueblos, por las 15 provincias de nuestro departamento, por nuestras autoridades y por todos los que  tenemos responsabilidades   vamos construyendo el futuro de nuestro país, el futuro de Santa Cruz.

Quiero terminar esta reflexión, haciendo presente aquella frase que distingue la esencia del ser Cruceño:

“Viajero que llegas hasta nuestro lado, párate un momento, no pases de largo. Entra con franqueza que un placer nos das. Porque es Ley del Cruceño la HOSPITALIDAD.”

Invoquemos  a nuestra Madre, la Mamita de Cotoca su bendición y su intersección. Amen.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

Aquí las fotografías que publicamos en nuestra página en facebook:

 

Erwin Bazán Gutiérrez



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