Search
sábado 25 noviembre 2017
  • :
  • :

A dos años de su visita. Monseñor Sergio recuerda la presencia sencilla y cercana del Papa Francisco en Bolivia

El Arzobispo de Santa Cruz recordó con especial cariño el segundo aniversario de la visita del Papa Francisco a nuestro país, en particular destacó “su presencia sencilla y cercana de Pastor, su palabra profética, sus gestos con los niños, los enfermos, los hermanos encarcelados y los movimientos populares –que- han despertado en nosotros sentimientos de gran alegría y de gratitud a Dios porque nos ha afianzado en la fe y hecho el don de pertenecer a la única Iglesia Católica, Apostólica y Romana, porque no hay dos Iglesias católicas, como se pretende hacer creer, confundiendo a la gente”.

También señaló el XII Encuentro Nacional de las Comunidades Eclesiales de Base que concluyó este domingo en Santa Cruz con el propósito de “intercambiar experiencias y reflexionar sobre el desafío de vivir la fe hoy, como testigos del Dios de la misericordia y de una Iglesia, comunitaria, profética, sencilla y comprometida en la sociedad”.

Así mismo indicó que “en los próximos días, se encontrarán siempre en nuestra ciudad los Jóvenes Misioneros de Bolivia para renovar su compromiso de anunciar la alegría del Evangelio”.

En su homilía habló sobre un aspecto vital del Evangelio “…del don de la sabiduría que Dios concede a los pequeños es decir los pobres, los débiles y los sencillos, los que no son tomados en cuenta en el mundo de los poderosos y de los ricos”.

“Dios, que es amor y misericordia, no solo se da a conocer de esta manera,  sino que hace partícipes de su plan de vida a las ovejas sin pastor”: los pobres, los que sufren, los que la sociedad injusta y opresora desprecia y abandona a su suerte, los no violentos y pacíficos, en radical y total contraposición a la mentalidad del mundo que enaltece a los poderosos, ricos y famosos” señaló.

Puntualizó que “El texto del evangelio concluye con una invitación de Jesús a sus discípulos: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”. En primer lugar, Jesús se dirige a los discípulos desanimados y sufridos, porque sabe bien que la labor evangelizadora y la fidelidad al reino de Dios conllevan cansancios, incomprensiones y  sufrimientos, por eso los invita a que vayan donde él porque solo en él pueden encontrar descanso, alivio y consuelo”.

“En segundo lugar les invita a que carguen el yugo de la misión. Jesús no se impone por la fuerza a los que quieren seguirlo en el camino de la sencillez y de la gratuidad, de la no violencia, de la mansedumbre y de la solidaridad con los pobres y humildes. Jesús utiliza la imagen del yugo, que no es solo signo de lo difícil que es ser buenos discípulos suyos, sino también que es signo de unión, de atarse a él para cargar juntos la misión confiada por Dios. Estando unidos a Cristo,  el yugo se vuelve liviano y es fácil a llevar, por eso acojamos la invitación a recorrer con él el camino del amor, la misericordia y la compasión, haciendo de nuestra vida un don de amor al servicio del Evangelio”.

HOMILÍA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ. DOMINGO 9 DE JULIO DE 2017

Hace dos años, el nueve de julio como hoy, llegaba a Santa Cruz en visita Pastoral el papa Francisco, el sucesor de Pedro, la piedra sobre la que Cristo fundó la Iglesia. Vivimos dos días inolvidables: su presencia sencilla y cercana de Pastor, su palabra profética, sus gestos con los niños, los enfermos, los hermanos encarcelados y los movimientos populares han despertado en nosotros sentimientos de gran alegría y de gratitud a Dios porque nos ha afianzado en la fe y hecho el don de pertenecer a la única Iglesia Católica, Apostólica y Romana, porque no hay dos Iglesias católicas, como se pretende hacer, confundiendo a la gente.

En estos días acá en Santa Cruz se está realizando el XII Encuentro Nacional de las Comunidades Eclesiales de Base, primer núcleo de la Iglesia, focos de fe y evangelización. El propósito de la reunión es de intercambiar experiencias y reflexionar sobre el desafío de vivir la fe hoy, como testigos del Dios de la misericordia y de una Iglesia, comunitaria, profética, sencilla y comprometida en la sociedad. También, en los próximos días, se encontrarán siempre en nuestra ciudad los Jóvenes Misioneros de Bolivia para renovar su compromiso de anunciar la alegría del Evangelio.

Las lecturas de hoy tocan a un aspecto vital del Evangelio, nos hablan del don de la sabiduría que Dios concede a los pequeños es decir los pobres, los débiles y los sencillos, los que no son tomados en cuenta en el mundo de los poderosos y de los ricos.

En la 1ª lectura el profeta Zacarías anuncia un mensaje de esperanza al pequeño “resto” de judíos que se han mantenido fieles al Señor, a pesar de los acosos y angustias sufridos a causa del sistema idolátrico, la opresión e injusticias e instaurados en el país. El profeta los invita a alegrarse con el anuncio de la llegada del Mesías que pondrá fin a ese sistema inicuo: “Alégrate mucho… grita de júbilo mira que tu Rey viene hacia ti, Él es justo”.
El Mesías vendrá no solo para impulsar la purificación radical y la liberación del pueblo de toda clase de esclavitudes, sino que instaurará tiempos de paz entre las naciones desterrando las armas y las guerras: “suprimirá los carros y el arco de guerra y proclamará la paz a las naciones”. Y el éxito de la misión está asegurado porque el Mesías “es un rey victorioso”.

Estas palabras del profeta colman de esperanza y son de buen auspicio para toda la humanidad porque confirman el plan de Dios es el horizonte definitivo de la historia y tiene la victoria final sobre el mal, la opresión y la injusticia que parecen dominar ciegamente los destinos del mundo.

Este anuncio tan importante del profeta contrasta con la manera con la que se presenta el Mesías: “ humilde y montado sobre un asno”. Es la prefiguración de la entrada de Jesús en Jerusalén, el rey Mesías que cumplirá en plenitud esta profecía sin ejército, servidor de los pobres y de la paz. En su misión de instaurar el Reino de Dios, Jesús no ha recurrido al poderío de las armas y de las riquezas, sino al poder del amor, la entrega y el servicio, el único poder que salva.

Él actúa en manera muy distinta de los poderosos del mundo y los imperios económicos y militares, que se fundamentan en sistemas ideológicos y políticos autoritarios, que buscan su propio interés y no el bien común, explotan a los más débiles, instrumentalizan a la justicia, recurren al engaño y constituyen redes de complicidad y corrupción.

Es lo que confirma Jesús con las enseñanzas del Evangelio que acabamos de escuchar: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y a los astutos, y las ha revelado a los pequeños”.

Jesús llama a Dios: “Padre” y al mismo tiempo lo reconoce “Señor del cielo y de la tierra”, uniendo maravillosamente la infinita grandeza del Creador con la cercanía y la ternura del Padre. Jesús lo agradece porque “esconde” a los sabios, las élites religiosas, políticas y económicas de su tiempo y “revela” a la gente sencilla “estas cosas”, es decir “los misterios del Reino de Dios”, el designio de vida y amor que el mismo Jesús va manifestando con sus palabras y obras. Este misterioso y sorprendente actuar de Dios pone de manifiesto su “buena voluntad”, su manera de pensar y actuar: “Sí, Padre, porque así lo has querido”.

Dios, que es amor y misericordia, no solo se da a conocer de esta manera, sino que hace partícipes de su plan de vida a “las ovejas sin pastor”: los pobres, los que sufren, los que la sociedad injusta y opresora desprecia y abandona a su suerte, los no violentos y pacíficos, en radical y total contraposición a la mentalidad del mundo que enaltece a los poderosos, ricos y famosos.

Con sus palabras Jesús, nos pone en claro que el acceso al plan de salvación de Dios, no es fruto de nuestras fuerzas y sabiduría, sino una gracia que el Padre da libremente a los que se presentan delante de él sin ningún mérito y pretensión, a los que ponen la confianza en su infinita bondad. Es un don que Dios nos concede a través de su Hijo Jesús, como el mismo lo afirma solemnemente: “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

San Pablo en la carta a los Romanos reafirma que Dios concede la gracia de acceder a la salvación a los que orientan su vida según “el Espíritu”, es decir el amor, la misericordia y la libertad, y no a los que se guían según los principios de “la carne”, las tendencias egoístas, los apetitos desordenados de poder y el prestigio.

El texto del evangelio concluye con una invitación de Jesús a sus discípulos: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”. En primer lugar, Jesús se dirige a los discípulos desanimados y sufridos, porque sabe bien que la labor evangelizadora y la fidelidad al reino de Dios conllevan cansancios, incomprensiones y sufrimientos, por eso los invita a que vayan donde él porque solo en él pueden encontrar descanso, alivio y consuelo.

En segundo lugar les invita a que carguen el yugo de la misión. Jesús no se impone por la fuerza a los que quieren seguirlo, en el camino de la sencillez y de la gratuidad, de la no violencia, de la mansedumbre y de la solidaridad con los pobres y humildes. Jesús utiliza la imagen del yugo, que no es solo signo de lo difícil que es ser buenos discípulos suyos, sino también es signo de unión, de atarse a él para cargar juntos la misión confiada por Dios. Estando unidos a Cristo, el yugo se vuelve liviano y es fácil a llevar, por eso acojamos la invitación a recorrer con él el camino del amor, la misericordia y la compasión, haciendo de nuestra vida un don de amor al servicio del Evangelio.

Jesús también nos hace una última invitación: “Aprendan de mí que soy paciente y humilde de corazón”, confiemos en sus palabras, no caigamos en la lógica del mundo, que llama a buscar el éxito, el placer y el poder a como de lugar, sino que seamos discípulos sencillos y humildes de Jesús y Él colmará nuestra vida de alegría y paz, porque, como nos dice el salmo, “el Señor es fiel en todas sus palabras y bondadoso en todas sus acciones”. Amén

Graciela Arandia de Hidalgo



Nuestro sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando estará dando su consentimiento y la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies